Tercer domingo Cuaresma

Fecha: lunes, 24 de marzo de 2025

Estimadas Familias, compartimos reflexión sobre el tercer domingo de cuaresma que venimos transitando:

Hemos llegado al tercer domingo de Cuaresma, continuamos avanzando en este camino de conversión. Este es un tiempo propicio para la reflexión y la penitencia, pero también un tiempo para renovar nuestra esperanza, porque la Cuaresma no es solo un tiempo de sacrificios, sino sobre todo un tiempo de esperanza. Nos invita a abrir el corazón a la misericordia de Dios, quien, como Padre, nos espera siempre con brazos abiertos. Recordemos lo que nos ha enseñado el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año: "Caminemos juntos en la esperanza". Este llamado es urgente y profundo, pues en cada etapa de nuestra vida, Dios nos ofrece la oportunidad de acercarnos a Él, de experimentar su misericordia y de caminar hacia la Pascua con un corazón renovado.

Este domingo, al llegar a la tercera etapa de este camino cuaresmal, recordemos lo vivido hasta ahora. Al inicio, el Miércoles de Ceniza, nos confrontó con nuestra fragilidad y debilidad, recordándonos que somos polvo y a él volveremos. El primer domingo de Cuaresma nos mostró que la lucha contra las tentaciones solo puede vencerla aquel que permanece firme en la Palabra de Dios. En el segundo domingo, contemplamos la Transfiguración de Jesús, que nos reveló el horizonte de una vida más verdadera, más bella, a la que estamos llamados a llegar si seguimos a Cristo con fidelidad. Y así llegamos hoy, al tercer domingo, donde el Evangelio de San Lucas (13, 1-9) nos habla de la necesidad urgente de la conversión.Jesús se servía de los acontecimientos del momento para enseñar, y en el Evangelio de este domingo, Jesús aborda dos desgracias (vv. 1.4), que son un llamado a la conversión, y por eso, nos invita a reflexionar sobre nuestra vida y nuestra relación con Dios. En un contexto marcado por noticias de tragedias y sufrimientos, algunas personas le preguntan a Jesús sobre unos galileos que habían sido asesinados por Pilato. La gente se cuestionaba si su muerte violenta había sido un castigo de Dios por sus pecados. Jesús responde de manera clara: "Si no se convierten, todos perecerán de la misma manera" (Lc 13, 3), es decir, mientras es tiempo, que cambien de vida. Con estas palabras, Jesús nos desafía a abandonar las interpretaciones superficiales y simplistas de la justicia de Dios. El sufrimiento y la muerte no siempre son castigos por pecados personales, y Dios no actúa según un sistema de retribución como muchos piensan.

El Señor nos invita a mirar más allá de los hechos visibles y a considerar el llamado a la conversión que nos ofrece como una oportunidad de salvación. Y precisamente la parábola de la higuera estéril (Lc 13, 6-9) subraya la paciencia de Dios, quien no quiere que ninguno de nosotros perezca, sino que todos tengamos la oportunidad de dar frutos abundantes. Dios da tiempo y auxilio para que la persona dé los frutos que él espera de ella. De tal manera que, aunque podamos no estar viviendo según la voluntad de Dios, Él nos da tiempo, y mientras vivimos, con la gracia de Dios, podemos siempre elegir cambiar, convertirnos y ser más fieles a su amor misericordioso




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